Cantando sin sol ni cigarras
Como una foto en tonos sepia
la noche se arrastra
las horas se atrasan
y la tenue luz cálida
detiene los momentos
ilumina los acordes
inunda de humo y de voces gastadas
una madrugada demasiado llena.
Llena de guitarra, llena de espera
llena de detalles invisibles
que se translucen en nuestras voces
las pintan de colores
de recuerdo oscuro
de sonrisas grises.
Grises por la invisibilidad
grises porque cuando el humo se disipa
los detalles se pierden
Y cómo explicarte?
que me llenás la garganta de flores
de mañanas soleadas y soplos de mar
y que en la esquina de las horas
cuando la noche pierde su nombre
la soledad se vuelve amanecer.
Buscando
Estoy buscando
una canción que no te nombre
una letra prestada, que me acobije del frío
un acorde que rompa el silencio
de tu ausencia.
Estoy buscando
una manera de acercarme
una excusa para darte mis razones
una coartada para dedicarte
mis versos.
Estoy buscando
y ya no sé qué busco
si le esquivo al sol de tu mirada
pero en la noche es tu voz
la que me guía.
Las inspiradoras aventuras de Ricardo Talio (guión de historieta)
Así exactamente se lo pasé a un amigo para que la dibuje (porque él lo va a hacer mejor que yo, el señor Gabriel Keppl).
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Mi encuentro con Rodolfo Cesar Delgado, alias “El Mono”
Este es un cuento viejísimo (del 2007, tenía 16 años) pero lo quiero publicar porque fue un desafío. Durante una exposición de historietas, un amigo me dijo "bueno, yo te hago un dibujo, pero vos escribime algo mientras", y otro amigo aclaró "dale, y que empiece con la frase 'fui a comprar una gaseosa y me atendió un mono' ". Así que, no dudé en poner manos a la obra y escribir esto que (pese a ser medio malo) no deja de ser divertido. Además, lo escribí en media hora como mucho, sin corregir ni volver atrás, así que, un lindo handicap tiene. Ahí va:
Luces de Tren Azul
Iba caminando mirando al piso, siguiendo la rectitud de las tablas de madera que lo conformaban, concentrándome en no perder el equilibrio mientras todo se empezaba a mover. El tren empezaba su marcha y dejaba poco a poco atrás la estación, que se desdibujaba por la ventanilla. Había otra gente en el vagón, pero sus caras estaban borrosas, lo único que alcancé a distinguir fue una remera de Sonic a lo lejos, así que me acerqué.
-Hola- me dijo una voz familiar. Era mi amigo Damián, sonriéndome desde adentro de la remera de Sonic. -¿sabés a dónde vamos?-
-No me interesa demasiado- respondí- seguro me despierto antes de llegar, viste como son los sueños.-
-No se, yo no planeo despertarme hasta llegar, además siempre había querido andar en tren.-
-¿y si le preguntamos a alguien? capaz que sabe a dónde vamos-
-¿A quién?-me dice extrañado- No hay nadie más en el vagón.-
Me doy vuelta de inmediato y veo que, en efecto, éramos los únicos en el vagón.
-Bueno ya fue- dije mientras me sentaba a su lado, frente a una mesa puesta.
-Che, sabés qué?-dice mirando a la ventanilla- siempre pensé que los trenes tenían algo de romántico.. no sé, debe ser re lindo declarársele a alguien en un vagón de tren...- Y se me acerca peligrosamente, con la vista fija justo debajo de mi nariz.
-¡Pará! ¿Qué hacés?- Le reprocho mientras lo hago a un lado.
-¿Qué? Es mi sueño, puedo hacer lo que yo quiera.
-¡No, no podés, es MI sueño éste!
-Pucha, nunca me habían discutido así en un sueño... ni me habían rechazado tan abruptamente... generalmente te dejás besar...
-¡Ah, o sea que lo hacés seguido! ¡No sabía que eras así de degenerado!
-Tengo derecho, es mi sueño después de todo.
-Bueno, si estás tan seguro de que sos vos el que sueña y no yo, contame algo sobre El Cantar de Rolando que no lo leí y lo tengo que rendir hoy-
-¡Qué vaga que sos! Bueno, primero tenés que conocer a los personajes, están Rolando, Carlomagno, el traidor Ganelón...
-Pará un poco, primero que no me podés decir eso porque yo no lo sé, además son demasiados detalles para un sueño... ponele, el paisaje en la ventanilla estuvo cambiando todo este tiempo, y fijate los detalles de la mesa, los cubiertos... mirá acá, alguien escribió con una tricheta "Luces de tren azul"...-
-Tengo una idea... agarrá los cubiertos esos. Vamos a hacernos una marca en la mano, y el que se despierte primero es el dueño del sueño.
- Eso es una pelotudez.
-No, para mi tiene sentido... dale, total no nos va a doler, es un sueño.
Y con fuerza, nos clavamos el cuchillo en el dorso de la mano.
Sí dolió, y mucho.
-AAAAAAHHHH!!!!!- grité mientras me levantaba de la cama de un salto y se me caían encima el reloj y todos los adornos que tengo en la repisa arriba de la cama. La mano me dolía un montón, y cuando me miro veo un terrible tajo que estaba empezando a sangrar. Seguramente el reloj me había lastimado cuando se cayó, y para colmo se había roto.
-Voy a tener que dejar de comprar esos relojes de tres pesos de calle San Luis, este es como el quinto que se me rompe...-pensé mientras me encaminaba al baño a vendarme la mano y prepararme para un día aburrido de facultad.
Iba caminando para la facu cuando por la peatonal me lo cruzo a Damián, que ojeaba revistas en un kiosco.
-¡Hola Damián!- le grito y me acerco corriendo- ¿En qué andás?-
-¡Hola! No mucho, recién salgo de la facu... ¿Y vos? ¿estudiaste para tu parcial?
-No, ni a palos! voy a ver si puedo inventar algo...
-Bueno, te deseo suerte, entonces, vas a necesitar mucha!- Y cuando me da la mano, veo que está toda vendada.
-¿Qué te paso en la mano?
-No sé... me caí de la cama esta mañana, me debo haber golpeado con la mesita de luz...
-Luces de tren azul...
De pronto él se sobresaltó.
-¡¿De dónde sacaste eso?! ¿También soñaste...?
-El tren, la gente...
-Los cuchillos...- y me mira la mano vendada...
Nos quedamos mirándonos sin entender nada, con una sensación sin nombre que variaba entre el miedo y la emoción. Quedamos en juntarnos al día siguiente para hablar del asunto, porque se me estaba haciendo tarde para el parcial.
Por supuesto, me fue para la mierda, no pude concentrarme; no dejaba de pensar en el tren y las lastimaduras que teníamos Damián y yo.
Eso no fue nada raro, pero lo que sí fue raro, fue que esa noche volví a soñar con el tren...
Tristezas de un Doble A
El ambiente estaba sereno, colmado de perfumes y sonidos, y el humo de los cigarros que se esparcía en el aire. Yo me preparaba junto con mis compañeros, subido al pequeño escenario destinado a nosotros, a un costado del salón, y mientras nos ubicábamos en los lugares y tomábamos nuestros instrumentos, una ligera agitación empezó a recorrer el lugar. Las parejas se levantaron de las mesas dejando inconclusos quizá algunos cafés, quizá algunas charlas, para empezar el ritual de antaño. Pero a mí no me interesaban todas ellas, y a medida que los compases de Cadícamo fluían a través de nuestros instrumentos, mis ojos empezaron a inspeccionar el lugar buscando los suyos. La larga cabellera negra no tardó en aparecer, y los pies, sus pies, deslizándose por la pista como mis dedos sobre las teclas del bandoneón. Yo entonces me perdía en sus movimientos, contentándome simplemente con observarla bailar. A veces, solamente a veces, nuestras miradas se cruzaban, de esa manera fugaz con la que uno mira a los ojos a alguien que pasa a su lado en la vereda. A mí me bastaba con eso, sin saber siquiera si sería correspondido, o si ella se daba cuenta de que yo la miraba, si aprobaba que la contemplara cuando ella bailaba con otro hombre. Así era todas las noches, el juego se repetía hasta el hartazgo, sin que ninguno se animara a decir nada, aun cuando las miradas se habían vuelto más recíprocas que nunca, y el vínculo era ahora constante. Hubiera sido vergonzoso acaso hablarle, arriesgarme a interrumpir esa conexión tan especial que teníamos, en la que simplemente nos mirábamos, sin compromisos, con esa intimidad que sólo se consigue cuando se está rodeado por una multitud de personas, ajenas a todo contacto. Porque ese era un momento nuestro, que únicamente nosotros compartíamos, y no importaba si ella abrazaba a otro hombre, yo sabía que en realidad muy profundo dentro de sí me estaba abrazando a mí, en esa milonga equívoca y a la vez tan perfecta. Mi papel era simple y primordial, yo sencillamente debía quedarme allí tocando, tocando para que ella pudiera bailar, para que pudiera mirarla y mirarme en su mirada. Pero entonces, de repente, era yo el que bailaba con ella, el que la abrazaba mientras ella se movía suavemente a mi lado. El que salía con ella y le pasaba el brazo por los hombros, o la tomaba de la mano a medida que subíamos las escaleras hasta su departamento; y la desnudaba por fin y me perdía en su pelo negro azabache que tantas veces había visto en aquella pista, a lo lejos, pero siempre tan cerca. Más tarde, ya compartiendo un cigarrillo entre las sábanas, seguía contemplándola, pero ya no con esa ignorante distancia, sino más bien desde un pasado común, un pasado donde nos conocíamos de antes, donde no había habido miradas o milongas distanciadas. La noche siguiente decidimos volver al lugar donde habíamos empezado. Llegamos, buscamos una mesa, tomamos y fumamos mientras los músicos ocupaban sus lugares, y la gente cuchicheaba entre sí. Nos llegó luego la noticia de que el bandoneonista había fallecido, y había sido reemplazado por otro hombre. Una foto del difunto había sido colocada en la barra, y algunas personas se hallaban de pie frente a ella. Al ver la cara del bandoneonista, no pude evitar sentir una enorme tristeza, una sensación de haber conocido muy bien a ese hombre. Creo que ella sintió lo mismo, quién sabe por qué. Tal vez por esto, o tal vez no, dejamos poco a poco de concurrir a ese lugar. Comenzamos a circundar otros bares, a bailar otras milongas, y a compartir otras salidas. Hace un poco encontramos un departamento muy lindo, en zona sur, pensamos mudarnos allí cuando llegue el otoño.
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Lo escribí en el 2008 escuchando a Piazzola. De ahí el título.
Silence (mi primer cuento en inglés!)
Silence. There was not a sound. Not even the tiniest, not even the quietest. She tried to focus, tried to listen to her own heart. But it seemed like the walls absorbed every noise, even her own breath. She was trapped there, ever since she remembered, but for no longer. Nothing they could do would stop her from achieving her first and only goal: freedom. If they only understood she wouldn't ever hurt anyone, but they couldn't. Humans tend to be afraid of everything they don't understand, everything they can't control. Even so, they thought she could be dangerous, that someone could control her power, use it against their establishment. And that's why she was prisoner there, alone, in silence. She had tried to escape before and failed, and she knew they wouldn't be gentle with her if she did it again. Nevertheless, the decision was made. They had never been gentle with her anyway.
This was the time. Careless of the cameras or the security, she focused her mind to one of those awful white walls. Nothing happened at first, but she focused even more, closed her eyes, started feeling the anger, the pain, the loneliness, she started to hear the silence... and then the walls began breaking, first slowly, then brutally, until a great explosion destroyed what was left of them, revealing the entrance to a big corridor, with grey lines on the floor at regular gaps, making it look eternal, line after line heading directly to the vanishing point. There was no time left, no time to hesitate. She started running, knowing that no matter where she was heading, it would be better that where she was, that her effort was worthwhile. She had nothing to lose, she never had.
And then their response came. The little white machines that were always watching, this time started shooting. She kept on running anyway, trying to protect herself from the red lasers, creating a psychic shield for her own safety, where lasers ricocheted destroying the walls and the shooting machines. Finally she got into a big, dark room. At the moment she entered, big flashes lightened up the area, discovering four enormous mirrors covering every wall. And without leaving her any time to react, a big door closed the entrance to the corridor, trapping her again.
This was unbearable, she wouldn't allow this, not this time, she had to escape at any cost. She closed her eyes, and broke the silence by screaming, screaming out loud, like never before. She felt her power running fast through her veins, and with all her anger, started punching the mirror walls with all her strength, until she fell...
...Into the mirror. When she opened her eyes, was surrounded by hundred, thousands images of herself in an infinite silver space.
...
Silence. There was not a sound. Silence was still there, impassive. But at least, she would never again...
...Be alone.




